El brillo del Ser”
Sólo quien se atreve a mirar hacia dentro, hacia el abismo de su propia existencia, puede ver ese brillo. No se trata de una visión sensible, sino de una comprensión originaria del Ser. En el enfrentamiento con el propio vacío, el ser humano advierte que su existencia no le pertenece del todo, sino que es sostenida por aquello que lo excede: el Ser mismo.
El abismo no es negación, sino apertura. Allí donde el ente se reconoce finito, el Ser se manifiesta como posibilidad. Esta revelación no ocurre en la razón calculadora, sino en el silencio que acoge la pregunta por el sentido del existir.
Mirar hacia dentro no es un acto de introspección psicológica, sino un retorno al fundamento. En ese retorno, el ser humano se descubre arrojado en el mundo, llamado a comprender que su ser consiste precisamente en esa apertura hacia el Ser.
El brillo que surge del abismo no ilumina hacia fuera, sino hacia el interior de lo que somos: un recordatorio de que existir es, en esencia, participar del misterio del Ser.
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